Hace mucho tiempo tuve un sueño muy interesante el cual me pareció que sería buena idea compartirlo en este blog, sobre todo porque me gusta analizar los sueños, tanto en ámbito psicológico como en el espiritual.
En mis sueños tengo un mundo ya formado, tienen cronología entre otras cosas, muy seguido me veo como una estudiante que está a punto de reprobar el semestre porque casi nunca asiste a las clases, este fue uno de esos sueños, estaba caminando con mi mochila camino a la escuela, pero sentía una ansiedad realmente abrumadora, y agarraba con fuerza mi mochila.
La escuela estaba a tan solo unas cuadras de mi casa, me iba caminando y siempre llegaba en menos de 15 minutos, pero esta vez, esos 15 minutos se sentían como una eternidad, estaba invadida por el pánico porque en mi mochila cargaba un cadáver.
Mi subconsciente participó en este sueño, preguntándose ¿Cómo pasó esto? ¿Cómo una mujer de 1.55m y con poca fuerza pudo cometer la insolencia de arrebatarle la vida a alguien? ¿Cómo una mujer que es incapaz de sentir odio aunque lo intente pudo llegar a sentir tanto odio y tanto coraje como para cometer un acto tan atroz?
Lo más impactante de todo era que ni siquiera lo recordaba, mi mochila pesaba muchísimo y por más que hiciera memoria ninguna imagen del acto tan atroz llegaba a mi mente, estaba en blanco, pero me agobiaba el olor a muerto que me envolvía, sentía que era tan fuerte que decidí darme la vuelta y devolverme a mi casa, mientras tensaba mi mandíbula para evitar soltar un grito y no llorar.
Al llegar a mi casa, crucé la calle y caminé por los alrededores buscando a mi ser amado, un hombre encantador que aparece únicamente en mis sueños desde hace diez años, pues pensaba pedirle ayuda, él tenía auto, podría llevarme a algún cerro o al basurero para deshacerme del cadáver y poder seguir con mi vida, sin embargo no lo encontraba por ningún lado.
Estaba a punto de caer en la desesperación hasta que recordé que tenía amigas que tenían auto, por lo que les mandé un mensaje al chat grupal y una de ellas aceptó de inmediato, aunque claro, no sabían que se trataba de deshacernos de un cadáver, les dije que era deshacerme de algunas manualidades que ya no quería.
Como nos íbamos a ver nosotras dos, las demás aprovecharon para unirse al plan y así realizar un convivio tranquilo entre nosotras, pero a mí me invadía la ansiedad, no podía comer ni seguir el hilo de la conversación, después caí en cuenta que la persona a la que le había arrebatado la vida era una persona que ellas conocían pero no se llevaba bien con nadie, recuerdo que una descripción que llegó a mi mente sobre esa persona fue que no importaba porque se llevaban mal y era supuestamente insufrible, una persona quien nadie extrañaría.
¿Pero quién era yo para poder determinar si alguien merecía vivir o no? Había llegado a mi límite y comencé a llorar a mares, me disculpé por lo mala persona que fui y dejé salir todos mis sentimientos reprimidos, pero algo no marchaba bien, todas ellas me miraron con confusión y me dijeron que esa persona seguía viva y que realmente no había matado a nadie.
Ante esa aclaración me aferré a mi postura, había matado a alguien y no quería que se pusiera en duda, no merecía ese beneficio, por lo que señalé a la mochila y les dije que estaba adentro, picada en pedazos dentro de una bolsa de basura.
Las cuatro amigas presentes en ese cuarto intercambiaron miradas y una de ellas dio un paso adelante para abrir la mochila, no imaginaran la sorpresa de todas al descubrir que dentro de ella solo habían piedras y bolas de periódico manchadas de pintura roja gracias a un bote que no había cerrado bien.
Ahí me dijo alguien, ahorita tengo la duda de si fue una de ellas o algo más, pero me dijo que mi ansiedad se estaba saliendo de control, pues ya me estaba haciendo inventar cosas descabelladas, entonces desperté en la vida real y volví a dormir.
El sueño continuó, pero ahora yo estaba en la escuela con mi camarada contándole todo lo que pasó, después hablamos de la escuela, ya que yo estaba a punto de reprobar y quería pedirle ayuda para salvar el semestre. Una vez que aceptó, fuimos a la cafetería por algo de comer, pero me sentía con ansiedad, otra vez sentía un cadáver en la mochila, pero entonces llegó mi ser amado y pagó por mi comida, al verme nerviosa salimos los tres para que yo pudiera respirar aire fresco, pero me invadía la ansiedad ¿Como podría tener otro cadáver en la mochila? Mi ser amado lo notó, me la quitó con cuidado y la abrió para que viera con mis propios ojos que no había nada malo, solo libros, cuadernos y algunas libretas, ahí desperté.
Este sueño es impactante, no solo porque es la búsqueda de una explicación lógica para cometer un acto tan atroz, sino porque ahí noté que mi ansiedad en esos días era la misma que sentía en el sueño, me pareció algo ridículo, ¿Por qué sentiría una ansiedad de tal magnitud si no hice nada? Pero la verdad es que a veces la ansiedad es incontrolable, es impredecible y muchas veces nos sobrepasa haciéndonos sentir tan mal al punto de sentir que estamos cargando un cadáver en nuestra espalda y que pronto lo descubrirán y entonces tendremos consecuencias enormes por un delito que no hicimos, o nos hace sentir como en Destino Final, de que cualquier cosa nos puede causar la muerte.

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